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Bajo el Manto de María: Un Idilio de Humo

  • Foto del escritor: JC Studio
    JC Studio
  • 1 feb
  • 2 min de lectura

Recuerdo bien nuestro primer encuentro, María. Era una noche lúgubre y gélida; la lluvia y un silencio abismal custodiaban mi aciaga tristeza.


En aquel entonces, la soledad era una locura que crecía en mi alma, perdida en un mundo que no lograba comprender. Pero todo cambió al percibir tu presencia, tan brillante e imponente, que la penumbra de mi alcoba se desvaneció ante tu luz.


Mentiría si dijera que mi primera impresión fue de miedo. Han pasado ya varios años desde que tu figura entró, intempestiva, en mi vida. Me bastó una mirada para comprender que eras el hallazgo que justificaba toda mi existencia.


Tu piel, blanca como la nieve por fuera y del color de la naturaleza por dentro; el sabor incomparable de tus besos, que me transportan a un refugio donde el desasosiego no me alcanza; y tu aroma inconfundible, que te erige única entre todas, me sentenciaron a ser tuyo para siempre.


Hoy camino de tu mano, contemplando tu cabellera ardiente en cada bocanada que tomo de ti.


Antes de conocerte, solo había escuchado tu nombre, pero el deseo de perderme en tu esencia era una sed creciente. Cuando finalmente apareciste, no dudé: sucumbí a tus encantos. Probar de tu cuerpo místico y sentir cómo descendías por mi ser, apoderándote de mi mente y mi espíritu, relajó mis sentidos hasta hacerme olvidar las tribulaciones humanas.


Me sentí en la utopía de la satisfacción total, bajo ese hechizo mágico que dibuja mil sonrisas en mi rostro y tiñe mis ojos del rojo de la alegría.


Desde aquel primer encuentro, mi anhelo por ti es insaciable. Te busco desde que el sol despunta hasta que la luna cede su trono a la noche. Vives en cada una de mis neuronas, ayudándome a sobrellevar esta realidad absurda y a escapar de las miradas envidiosas que no comprenden por qué me pierdo en el humo de tu figura.


Ignoro las mentiras que los pobres de espíritu inventan sobre ti, porque solo yo sé lo que significas para mí. Nuestro tórrido romance perdurará más allá del día en que mis ojos se cierren definitivamente. Seguiremos juntos hasta volvernos ceniza y elevarnos en el humo denso del amor que nos profesamos.


No me importa que muchas bocas pasen por tu cuerpo o que muchas manos toquen las ramas que escondes bajo tu blanco manto; sé que, en esencia, te guardas para mí.


Del mismo modo, a ti no te importa que yo tome entre mis manos tus distintas facetas: sea la fuerza de la Índica, el vuelo de la Sativa, o el linaje de la Punto Rojo, la Mango Biche, la Colombian Gold o la Creepy. Todas y cada una poseen esa pureza natural que te hace irresistible.

Como dice la canción: sigues siendo ilegal, y yo creo que sin razón.


Hoy más que nunca, lucharé para que no te sigan estigmatizando con falsos argumentos, ni que amantes superficiales denigren tu espiritualidad. Porque, María, tú y yo somos un solo sentimiento original. Eres, sencillamente, mi amor de fuma.

 
 
 

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